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Vuelven las viejas mañas al Congreso, de la mano del FCN

Poco le duró al equipo del FCN la promesa de alejarse de la “vieja política”.

Lo primero que hizo la bancada oficial en el Congreso fue salir de compras para aumentar el número de sus diputados y por ende, su poder en el Legislativo.

No hay nada fuera de lo común en ello: así se ha hecho política en el Congreso de Guatemala por años. El partido de Manuel Baldizón, Libertad Democrática Renovada, maniobró igual hace cuatro años y de esa manera cogobernó con el Partido Patriota.

Al sumar dieciocho diputados a los once que obtuvo en las urnas, el FCN demuestra que está dispuesto a replicar el modelo, aunque ello signifique faltar a las promesas de campaña.

Esa actitud preocupa, porque copiarle a Baldizón no sale gratis. Dudo mucho que los diputados se cambien de color la corbata por un súbito “flechazo” político o porque el jefe de la bancada de FCN, Edgar Justino Ovalle, un ex militar de pequeña estatura y gesto nervioso que lleva bien el apodo de “Puñalito”, los conquistó con su personalidad magnética.

Según han afirmado ya algunos analistas políticos, una de las monedas de cambio para seducir a los tránsfugas, han sido las gobernaciones departamentales: el precio de sumar curules serían nombramientos en los gobiernos locales.

Que la adhesión de parlamentarios sea otro negocio turbio, explicaría la calidad de los “fichajes” del FCN, que ha incorporado a algunos de los personajes más cuestionados del Palacio de la Novena Avenida.

Por ejemplo, entre los nuevos diputados de FCN se encuentra el niño símbolo del transfuguismo, el dipukid Juan Manuel Giordano, quien desde que entró al Congreso hace cuatro años, ha encontrado la manera de cambiarse seis veces de partido político. Promiscuo el muchacho, salta de bancada en bancada, cual pulga casquivana.

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